Tesoros naturales de la Serranía de Cuenca
El principal espacio protegido, que a su vez contiene multitud de zonas de interés natural, es el Parque Natural Serranía de Cuenca.
El corazón verde de la comarca se encuentra en este Parque Natural, hogar de una de las masas forestales más extensas del país y uno de los relieves más emblemáticos de la región. El parque cuenta con unas 73000 hectáreas aproximadamente repartidas entre 10 municipios.
La vegetación se caracteriza por su diversidad, favorecida por la presencia de diversos hábitats: pisos de la montaña, cañones y hoces, parameras… cuyas condiciones microclimáticas acogen a multitud de especies vegetales distintas. Cabe destacar por su extensión a los pinares de pino salgareño (Pinus nigra) y en los pisos medios, donde se entremezclan con quejigos (Quercus faginea) y carrascas (Quercus ilex), así como los pinares del piso superior de pino silvestre (Pinus sylvestris) combinados con brezales, tejos, acebos, y mostajos. Próximos a los cauces de agua, especialmente aquellos que discurren en umbrías cerradas, encontramos una vegetación atlántica relicta: tilares (Tilia spp), alamedas (Populus tremuloides), choperas (Populus nigra), y otras especies de hoja caduca que se guarecen entre paredes de caliza jurásica. Por otra parte, las parameras son un importante enclave para la sabina albar (Juniperus thurifera) una especie de lento crecimiento y madera imputrescible, reina de los ambientes hostiles.
Este parque natural cuenta con grandes poblaciones de corzo, ciervo, cabra montesa, jabalí, y muflón; protegidos desde 1973. La berrea atrae a multitud de visitantes cada año, quienes se adentran en nuestros bosques para escuchar las llamadas de los cérvidos. La osadía del relieve procura un gran número de oquedades y refugios para el buitre leonado, al que se puede avistar sobrevolando los cañones en los que anida. También se observan otras rapaces como el águila culebrera o el águila real, y aves acuáticas como las fochas y los ánades. Las aguas vivas de la región son el hogar de nutrias y mirlos pescadores, cuya presencia atestigua la pureza de los cauces. Además, en el interior del parque natural se encuentra el Parque Cinegético Experimental de El Hosquillo, lugar de estudio y reproducción de especies como el oso pardo y de educación ambiental.
El escenario de esta biodiversidad tampoco deja a nadie indiferente, pues la acción del agua ha tallado la roca caliza de mil y una formas. Los cañones, como los del Júcar y las Hoces de Beteta o Tragavivos, están flanqueados por crestones inmensos, en cuya roca desnuda se pueden contar los estratos, prueba del paso de los milenios. El agua ha esculpido la roca hasta formas unos lapiaces cuyas formas caprichosas han despertado la imaginación de muchos, incluso en el pasado se atribuía su existencia a causas mágicas y sobrenaturales, una magia que aun a día de hoy conserva. Los monumentos más sugerentes reciben nombres propios, según a qué recuerden, así como un nada despreciable número de visitantes anuales. La roca, trabajada desde hace millones de años, deja de ser un mero soporte para la vida y se convierte en protagonista de la riqueza paisajística del parque.