Una ingeniería de siglos que sigue en pie
Hay destinos donde el patrimonio está en las vitrinas. En el Valle de Ricote, en cambio, está en los campos. Norias, aceñas, azudes, acequias, aljibes, lavaderos y fábricas de luz forman el inventario de un sistema hidráulico que los moriscos perfeccionaron durante siglos y que, en gran medida, sigue funcionando hoy.
Esta ingeniería del agua es la que hizo posible la huerta del valle: convertir el fondo de un territorio semiárido en una franja fértil de cítricos, frutales y hortalizas que llevan alimentando a sus habitantes desde la Edad Media. Por eso el valle ha presentado su candidatura a Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) de la FAO.
Ojós concentra algunos de los elementos más notables: las norias del Olivar y de la Rivera, la aceña del Escobero, fuentes y lavaderos que forman un conjunto etnográfico de gran valor. El futuro Ecomuseo del Agua en este municipio pondrá en valor toda esa herencia.
El Estrecho del Solvente, declarado BIC en 2020, es también protagonista en esta historia: el azud, la Fábrica de la Luz y las huertas que se desarrollan a sus pies son testimonio de cómo el agua fue siempre aquí mucho más que un recurso: fue cultura, fue identidad.