Cuatro pueblos con alma de valle morisco
A lo largo del río Segura, entre relieves montañosos protegidos por Red Natura 2000 y huertas que llevan siglos cultivándose, cuatro pueblos —Ulea, Villanueva del Río Segura, Ojós y Ricote— comparten un paisaje que el tiempo no ha querido borrar.
Las sierras de Ricote y La Navela son el contrapunto perfecto a la frondosa vega del fondo del valle: ecosistemas mediterráneos con rapaces protegidas, flora endémica y esa austeridad de la montaña que despierta los sentidos. Abajo, el agua que los musulmanes aprendieron a gestionar con maestría riega todavía los mismos campos, con las mismas acequias, desde la Edad Media.
Esto no es un destino para quien quiere ver mucho en poco tiempo. Es para quien quiere ver bien.
El Valle de Ricote se abre en el tramo medio del río Segura, en el corazón de la Región de Murcia, y forma uno de los paisajes interiores más singulares de España. El agua es su hilo conductor: el Segura baja entre paredes de roca y franjas de huerta fértil que contrastan con la aridez de las laderas, generando esa imagen de oasis que define al territorio.
Cuatro municipios conforman el corazón del valle: Ulea, Ojós, Ricote y Villanueva del Río Segura. Cada uno tiene su carácter, pero los cuatro comparten una historia y un paisaje que no se entienden por separado.
La historia del valle está marcada por la presencia morisca. Los moriscos habitaron estas tierras durante siglos, perfeccionando el sistema de riego que sus antepasados andalusíes habían diseñado: acequias, norias, azudes, aceñas, abrevaderos... una ingeniería hidráulica de precisión que convirtió el fondo del valle en una huerta productiva en pleno semiárido. Ricote fue el último reducto morisco de toda la Península Ibérica: mientras la expulsión de 1609 se ejecutó en otras zonas de España, aquí no se hizo definitiva hasta 1613-1614.
Ese pasado tiene hoy un reconocimiento institucional. El sistema agrario del Valle de Ricote ha presentado su candidatura como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), el reconocimiento de la FAO a los sistemas agrícolas con valores históricos, culturales y ambientales únicos.
Más del 40% del territorio está protegido por Red Natura 2000. Las Sierras de Ricote y La Navela Zona de Especial Conservación y Zona de Especial Protección para las Aves son el contrapunto natural de la vega: paisaje de montaña abrupta con pinares, matorrales aromáticos y formaciones rocosas que conviven con una fauna de montaña mediterránea rica en aves rapaces. Aquí nidifican el halcón peregrino y el búho real; el alcaraván, la cigüeñuela y la chova piquirroja frecuentan los llanos del Gaitán, en Ricote.
El contraste entre esa naturaleza de secano y la huerta fértil del fondo del valle es lo que hace el paisaje de este destino tan llamativo: sierras áridas encima, verde intenso abajo, y el río Segura como frontera entre los dos mundos. Un escenario pensado para caminar despacio, observar, fotografiar y entender la lógica de un territorio que lleva siglos funcionando en equilibrio.
La Ermita de la Virgen de las Huertas, el Estrecho del Solvente, la Torre del Puerto de la Losilla, el Salto de la Novia, la Iglesia de San Bartolomé de Ulea construida sobre una mezquita medieval el valle acumula ocho Bienes de Interés Cultural (BIC) y un patrimonio etnográfico molinos, norias, lavaderos, fábricas de luz que aguarda ser descubierto.
Valle de Ricote Slow es una invitación a descubrir el territorio sin prisas, con la mirada abierta y el tiempo suficiente para comprender su esencia. Una forma de viajar que pone en valor el patrimonio, la naturaleza, las tradiciones y la vida cotidiana de sus pueblos. Porque aquí la experiencia no consiste solo en visitar un lugar, sino en habitarlo: dejar de ser visitante para convertirse, por unos días, en vecino.